Soy una mamá que ha vivido los últimos 5 años criando a dos niños en una ciudad de México.
El tiempo que he pasado en este país extraño llamado México.
En ese tiempo, he llorado mucho y también he reído mucho.
Este texto no está escrito para explicar mi vida en México a nadie.
Solo quiero dejar algo, una huella, en algún lugar.
Al mirar atrás estos cinco años,
mi línea emocional ha estado en constante vaivén.
He llorado, reído y vuelto a llorar.
Días en los que mi corazón se rompía, y días en los que se fortalecía, se alternaban sin cesar.
La razón es este país llamado México.
Dicen que todo en el mundo tiene su lado claro y su lado oscuro.
Pero en México, esa línea es muy difusa.
Hay cosas que parecen malas pero a veces resultan aceptables,
cosas buenas que a veces resultan incómodas.
Por eso México es un país peculiar,
y por eso también es un país que me atrae tanto.
He llorado mucho, y he reído mucho.
Si alguien me preguntara:
“¿Quieres regresar a esos tiempos?”
Los días de lágrimas serían lo primero que vendría a mi mente,
y no podría responder con un sí fácil.
Pero también recuerdo los días felices,
y eso me hace sentir, con sinceridad, que quiero seguir viviendo aquí.
Así es México.
Así es el país en el que he vivido los últimos cinco años.